
Published
8 ene 2026
Author
Adriana Arroyo
La economía de creadores alcanzó los $250 mil millones en 2025 según Forbes, consolidándose como una fuerza global imposible de ignorar. La industria se autodenomina "madura" - un término que en el léxico corporativo generalmente significa que ha dejado de ser experimental para volverse estratégica, medible y, sobre todo, controlable. Pero llamar "madurez" a lo que presenciamos merece un análisis más profundo. Lo que realmente está ocurriendo es una transformación fundamental: una industria que, bajo la presión de incertidumbre económica y la demanda implacable de resultados medibles, está siendo metódicamente estandarizada, optimizada y, en el proceso, despojada de algunas de las cualidades que la hicieron valiosa en primer lugar.
La narrativa oficial celebra esta transformación como evolución estratégica. Las marcas ya no "experimentan" con creadores; los integran como activos core de su estrategia de marketing. Los influencers ya no son personalidades impredecibles; son canales de conversión con métricas rastreables. Cuando Business of Marketing reporta que las marcas adoptaron en 2025 una mentalidad "protectora" hacia el marketing de influencers, la pregunta emerge naturalmente: ¿protectora de qué, exactamente? ¿De la inversión? ¿Del riesgo? ¿O de la posibilidad misma de lo impredecible que alguna vez hizo a estos creadores tan atractivos?
La Tiranía de lo Inmediato: Cuando la Velocidad Devora la Profundidad
Una de las señales más reveladoras de la aversión al riesgo en 2025 fue la elección abrumadora de contenido de formato corto por parte de las marcas. Instagram permaneció como el principal impulsor de ventas, seguido por TikTok. La lógica parece irrefutable: períodos de atención más cortos requieren contenido más breve. Resultados inmediatos. ROI justificable. Eficiencia demostrable.
Pero esta obsesión con lo inmediato revela algo más profundo que preferencia de formato. Revela ansiedad corporativa sistémica. Las plataformas de formato largo como YouTube, que según Modash impulsan conversiones incluso meses o años después de que termina una campaña, fueron elegidas significativamente menos por marcas que buscan resultados rápidos y justificables. Las marcas que sí invirtieron en formato largo lo hicieron intensamente, sugiriendo que este tipo de contenido ha sido reposicionado como canal de mayor riesgo y mayor compromiso.
Joshua Weidling, consultor de marketing de influencers y economía de creadores, ofrece su diagnóstico: "En general, los influencers parecen estar volviéndose menos efectivos. Con TikTok Shop desde una perspectiva de afiliados, lo que ha llevado a una avalancha de nuevas personas que intentan la creación de contenido, la cantidad de ruido es mayor que nunca, y los consumidores pueden estar desconectándose".
Aquí emerge la paradoja central: las marcas responden a la saturación produciendo más contenido, más rápido, en ciclos más cortos, alimentando precisamente el problema que están tratando de resolver. La "fatiga de formato corto" que Business of Marketing identifica como amenaza emergente no es accidente; es consecuencia inevitable de una industria adicta a métricas instantáneas.
Que el 53% de Gen Z use videos de formato largo en redes sociales para ver noticias, tutoriales e incluso películas sugiere que la audiencia ya está demandando algo diferente. El programa de recompensas para creadores de TikTok, que incentiva videos de más de un minuto, señala que incluso las plataformas reconocen esta necesidad. Sin embargo, las marcas, atrapadas en ciclos de reporte trimestral y KPIs inmediatos, continúan optimizando para el sprint mientras la maratón queda desatendida.
El Impasse de Compensación: Navegando Riesgo y Recompensa
Una de las tensiones más definitorias dentro de la economía de creadores en 2025, extendiéndose hacia 2026, se sitúa en la intersección de confianza y dinero. Debido a la necesidad de los marketers por resultados medibles y la necesidad de los creadores por seguridad financiera, más marcas se inclinaron hacia modelos de afiliados y basados en desempeño mientras los influencers se volvían menos dispuestos a aceptar compensación que no fuera pago garantizado.
Para cerrar esta brecha, las marcas han experimentado con modelos de compensación híbrida: tarifas planas combinadas con bonos de desempeño, incentivos no monetarios como acceso VIP temprano y productos personalizados, promesas de colaboración de largo plazo sin contratos rígidos. Estos experimentos representan intentos genuinos de equilibrar los intereses de ambas partes pero también reflejan una transferencia fundamental de riesgo desde las marcas hacia los creadores.
La pregunta central: ¿quién debería asumir el riesgo de que una campaña no resuene con la audiencia? Históricamente, las marcas asumían este riesgo pagando tarifas garantizadas. Cada vez más, ese riesgo se está transfiriendo a los creadores mediante estructuras basadas en desempeño. Esto tiene lógica empresarial — pero también tiene implicaciones profundas para quién puede darse el lujo de ser creador profesional.
El Imperativo Estratégico: Optimización Sin Deshumanización
Para las marcas navegando un ecosistema saturado donde la diferenciación es cada vez más elusiva, los creadores representan una transformación fundamental en cómo se construye identidad, se genera contenido y se ejecuta estrategia de marketing. La capacidad de producir campañas multicanal coherentes en días en lugar de meses, de testear narrativas con inversión mínima antes de comprometer presupuestos significativos, de iterar identidades visuales basándose en data real — estas capacidades no son simplemente eficiencia operativa. Son ventaja competitiva crítica.
El éxito en 2026, predice el reporte de Modash, no se medirá por cuántos creadores trabaja una marca o qué tan viral se vuelve una campaña, sino por "qué tan escalables, repetibles y defendibles son esos resultados". Esta es la definición de madurez industrial: procesos que pueden optimizarse, estandarizarse y defenderse ante stakeholders.
Pero aquí emerge la tensión fundamental: la economía de creadores se construyó sobre una promesa de autenticidad, espontaneidad y conexión humana genuina. ¿Puede algo verdaderamente auténtico ser también "escalable, repetible y defendible"? ¿O estamos presenciando la inevitable industrialización de algo que solo tenía valor porque no estaba industrializado?
Navegando 2026: La Ventaja Competitiva Estará en el Balance
Business of Marketing ofrece predicciones claras para 2026: las marcas que prosperarán serán aquellas que rebalanceen velocidad con durabilidad, usando contenido de formato corto para impulsar momentum mientras reconstruyen el formato largo como activo de largo plazo. La ventaja competitiva no vendrá de elegir creadores más pequeños, sino de la capacidad de escalar esas relaciones eficientemente sin sacrificar calidad o autenticidad.
Modash aconseja que "la mejor manera de navegar estos cambios como marketer es diversificar tu programa general de marketing de influencers y consolidar esfuerzos en lo que sabes que funciona". Esto es prudencia estratégica sólida — diversificar riesgo mientras se duplica lo efectivo.
Pero hay una pregunta que el reporte no hace explícitamente: ¿cuál es la mejor manera para los creadores de navegar estos cambios? ¿Cuándo empezamos a pensar no solo en cómo las marcas pueden optimizar esta industria sino en cómo podemos construir un ecosistema sostenible para todos los participantes?
La Pregunta Fundamental: ¿Qué Estamos Construyendo Realmente?
La economía de creadores se construyó sobre una promesa democratizadora: que cualquiera con talento, visión y trabajo duro podría construir una audiencia y monetizar su creatividad directamente, evitando los gatekeepers tradicionales. En 2026, esa promesa se está revelando como más matizada de lo que imaginamos inicialmente.
Puedes construir una audiencia. Puedes monetizarla. Pero cada vez más, esa monetización requiere navegar estructuras que se parecen sospechosamente a las industrias tradicionales que la economía de creadores supuestamente disrumpiría: poder de negociación concentrado en las marcas, compensación basada en desempeño que transfiere riesgo, contratos flexibles que favorecen a quien tiene más recursos, optimización de autenticidad hasta que se vuelve indistinguible de marketing tradicional.
Esto no es necesariamente distópico. Es evolución. Toda industria que madura enfrenta esta tensión entre los ideales que la fundaron y las realidades económicas que la sostienen. La pregunta no es si la economía de creadores cambiará — ya está cambiando — sino qué tipo de industria queremos que se convierta.
¿Queremos una industria donde "escalable, repetible y defendible" significan que hemos encontrado maneras de preservar autenticidad mientras crecemos? ¿O donde esos términos significan que hemos industrializado la autenticidad hasta que dejó de ser auténtica?
¿Queremos una industria donde la "madurez" significa que los creadores tienen más herramientas, más opciones, más poder para construir negocios sostenibles? ¿O donde "madurez" significa simplemente que las marcas han aprendido a extraer valor más eficientemente?
La economía de creadores en 2026 no se trata de elegir entre autenticidad y eficiencia, entre creatividad y métricas, entre humano y optimizado. Se trata de encontrar el equilibrio donde ambos puedan coexistir — donde las marcas obtengan los resultados medibles que necesitan mientras los creadores mantienen la autonomía y compensación justa que merecen.
Ese equilibrio no ocurrirá por accidente. Requerirá intención, transparencia y, sobre todo, voluntad de ambas partes de reconocer que están construyendo algo juntos — no simplemente extrayendo valor mutuamente hasta que ya no quede nada que valga la pena extraer.


